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domingo, 28 de julio de 2019

Era otoño en París, de Gerardo Molina



























Era Otoño en París y nos amábamos
Con un amor maduro hecho de sueños jóvenes
(en otro lar del mundo tuvimos veinte años
Y te amamos, París, sin conocerte).


Era Otoño en París y nos amábamos:
Ventana abierta al cielo y las estrellas
Y por los bulevares
Un trashumante breviario amarillento
(ayer de hojas airosas, pétalos ruborosos
Y asombradas corolas).


Pentagrama que al viento dibujó su armonía
Fue nuestro amor maduro hecho de sueños jóvenes,
Era Otoño en París y nos amábamos.


La dicha nos tocaba sin saber, sin pensarlo
Y una lluvia sutil sobre nuestras cabezas
Desleía su canto que atravesó los siglos
Para decirle al mundo que el amor es eterno;
Versátil y mudable, igual y diferente,
Pero siempre el Amor
Eterno y solo.


Despertamos los sueños en tus calles dormidas,
Tus azules fantasmas, tu misterio más hondo.
Y ensoñando mis versos junto al Sena,
París, la mariposa de tu nombre
Bordé en mi corazón.


Gerardo Molina

lunes, 1 de julio de 2019

Vaguedades, de Rosalía de Castro




Cuando era tiempo de invierno,
pensaba en dónde estarías;
cuando era tiempo de sol,
pensaba en dónde andarías.
¡Ahora... tan sólo pienso,
mi bien, si me olvidarías!

Mas ve que es mi corazón
una rosa de cien hojas,
y en cada hoja una pena
que vive apegada en otra.

Quitas una quitas dos:
penas me quedan de sobra;
hoy diez, mañana cuarenta,
deshoja que te deshoja...

¡El corazón me arrancaras
si las arrancaras todas!

Rosalía de Castro

viernes, 14 de junio de 2019

En un ejemplar de "Les Chants de Maldoror"



Debajo de mi vestido ardía un campo de flores alegres como los niños de la medianoche.
El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados; triste como sí misma, hermosa como el suicidio y que me sobrevuela como una dinastía de soles.


Alejandra Pizarnik
De El infierno musical (1971)

sábado, 25 de mayo de 2019

En paz, de Amado Nervo





Muy cerca de mi ocaso,
yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas,
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mi pena;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas sanamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!¡Vida, estamos en paz!

Amado Nervo


martes, 23 de abril de 2019

Ritual, de Gerardo Molina




Aún soñoliento, el pueblo
al sol de la mañana,
reparte como un pan hacia los cuatro rumbos
el necesario ritual de la jornada.


La luz encienden de su polvareda
rutas y calles y caminos de chacras.
El ruido de motores, silbos, diálogos,
dispersos ya, se alejan y se acallan.


Y todos van llegando a su destino:
al surco y a la escuela, al taller y la fábrica.
El sol asciende como una fruta rubia
en el aire redondo de distancias.


Alborotos, silencios, vuelven a juntarse
cuando la tarde casi noche llega.
Feliz, gozoso, con humildes galas
el pueblo los espera.


Y el mate amargo
-recién henchida su olorosa yerba-
en cada mano fulge, fraternal,
con luz de estrellas.


El ritual, inaugurado al alba,
prolonga sus afectos en la rueda.



Gerardo Molina gerardomolinacastrillo@gmail.com

jueves, 18 de abril de 2019

A media vida, de Alejandro G. Roemmers




A media vida llego presuroso
esclavo de aprendido pensamiento.
Son ideas apenas el sustento
que alimenta el vacío tenebroso.

A media vida arriesgo, poderoso,
liberar de su jaula el sentimiento:
transformaré en amor cada momento,
perdonaré en su credo generoso.

Porque aposté a ganar y jugué en vano
hasta entrever que, aliadas en la mano,
risa y llanto son cartas de la muerte.

Agradezco el escollo superado,
al Ángel que paciente está a mi lado,
a media vida aún y a media muerte.

Alejandro G. Roemmers

miércoles, 27 de marzo de 2019

La pitanza, de Gerardo Molina


J.F.Millet



Con una tarda yunta, arando en lontananza,
te vio el albor primero, y el rayo vespertino
postrer, sobre la tierra, te verá, campesino
que siembras como un dios el pan y la esperanza.


Cuando media la tarde, según la tosca usanza,
hierático, desunces el mísero y cansino
par de bueyes que triscan a un lado del camino
mientras tú saboreas la sencilla pitanza.


Labrador, ¿me recuerdas?... Alguna vez, de niño,
te acerqué la vitualla que, con leal cariño,
compartiste en silencio conmigo... La distancia


aún trasciende a ternuras de mano femenina:
queso y pan, y la glauca bebida cristalina
que sabe a los más puros recuerdos de la infancia.


Gerardo Molina





“En ‘La Pitanza’ tu verso descubre para nosotros la bucólica poesía de la pausa de ese dios-labrador que en la tarde desunce los bueyes para probar el humano placer del cariño de la mujer distante, del niño presente, de la merienda frugal en la tarde calor, color y luz- envolviendo las figuras profundamente humanas, en esa hora en que descansa el hacedor y las cosas cobran vida y sentido.”


Dr. Mario Icasuriaga
(narrador y poeta- Canelones- Uruguay)


“El soneto ‘La Pitanza’ es la obra cumbre de Gerardo Molina. El recuerdo que él hace es precioso. Vemos pasar el día en los
ondulados campos cerrillenses, allí está el campesino que hace un alto en la jornada y que, tras soltar los nobles animales que le acompañan, recibe al niño que le lleva su merienda. ¡Qué cuadro más hermoso! Sin duda alguna digno de la paleta de Jean Francois Millet. (1)
Iván Aarón
(Novelista chileno)



(1) Jean Francois Millet, pintor y paisajista francés (1814-1875.