Entradas populares
-
El sol con sus rayos rojos ya no brilla, ya no arde; que está dormida la tarde y está dormida en tus ojos. Al morir, c...
-
Alex Dzigurski. Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el e...
-
Quizá el herrero que hay en mí me lleve a admirar, hoy, tus manos de escultor... Por eso te suplico: déjame cuidar tus ...
-
Relato que proporciona una sola impresión de emoción o que se centra en un solo acontecimiento. Generalmente, se considera el padre...
-
En la biografía de Borges, hay algo que llama la atención, es su extremado amor por los gatos. Borges sentía debilidad por Odín y p...
-
El saldo de tu vida es casi un cuento, una obra distinta de las otras, un gesto que se asume por costumbre, un inútil intent...
-
Frederick Church Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Unas veces ...
-
“Morir bien es morir a tiempo. No hay peor infierno que el de asistir a las exequias del propio deseo. Al funeral de nuestras pasiones. No...
-
Lazos de Palabras. Nuestro poemario 2020 ya disponible Queridos anaquelian@s, nos complace informaros que hoy se hace pública l...
-
Ese hombre con rostro de mentira quedó congelado en un amor de luto. Partió con las sombras de la traición y el egoísmo ...
viernes, 25 de octubre de 2019
Inicial, de Gerardo Molina
A Rubén Darío
Prosas Profanas aureoló mi frente
Con rubíes tornátiles de oro
Y ungió su agua –manantial sonoro-
Mi espíritu de luz adolescente.
Y, no es extraño, entonces, el torrente
De mi verso brotó junto al canoro
Arroyo, en cuyo vegetal tesoro
Mi paso vaga aventuradamente.
Y, tampoco es extraño, la poesía
Debió dárseme así, un claro día
De manos del liróforo Rubén.
Y a la Eva eternal, única y sola,
Que me diera su libro, al fin, tornola
Azul princesa de mi canto. Amén.
Gerardo Molina
(Foto cedida por el autor)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)