Entradas populares
-
Luca-S En el café lloraban los violines entre un cascabeleo de cristales. -¿Flores señor? Hay rosas y jazmines... musitaron do...
-
Hay hombres que caminan por las calles con un sol en la frente, un diamante de luz, con hambre de otra vida, con aire de co...
-
Partir en cuerpo y alma partir. Partir deshacerse de las miradas piedras opresoras que duermen en la garganta ...
-
En la biografía de Borges, hay algo que llama la atención, es su extremado amor por los gatos. Borges sentía debilidad por Odín y p...
-
Son tus manos que a mi espalda ponen alas para que pueda volar cada mañana, y en tu abrazo por...
-
DECIRLO TODO Decir, hasta vaciar de dudas el silencio, hasta enajenar la incertidumbre, hasta que duela el cuerpo ...
-
No sé tu nombre sólo sé la mirada con que lo dices. Dame cobijo con toda la ternura que te he prestado. ...
-
Tanto nos da el amor como nos quita, es un juego sin término ni apuesta donde el que sale ganador no evita ser perdedor también...
-
EL CAMINO INTERIOR Por debajo del camino terrestre, por la espiral de arena que es la casa del alma me moveré esta noche apart...
domingo, 28 de julio de 2019
Era otoño en París, de Gerardo Molina
Era Otoño en París y nos amábamos
Con un amor maduro hecho de sueños jóvenes
(en otro lar del mundo tuvimos veinte años
Y te amamos, París, sin conocerte).
Era Otoño en París y nos amábamos:
Ventana abierta al cielo y las estrellas
Y por los bulevares
Un trashumante breviario amarillento
(ayer de hojas airosas, pétalos ruborosos
Y asombradas corolas).
Pentagrama que al viento dibujó su armonía
Fue nuestro amor maduro hecho de sueños jóvenes,
Era Otoño en París y nos amábamos.
La dicha nos tocaba sin saber, sin pensarlo
Y una lluvia sutil sobre nuestras cabezas
Desleía su canto que atravesó los siglos
Para decirle al mundo que el amor es eterno;
Versátil y mudable, igual y diferente,
Pero siempre el Amor
Eterno y solo.
Despertamos los sueños en tus calles dormidas,
Tus azules fantasmas, tu misterio más hondo.
Y ensoñando mis versos junto al Sena,
París, la mariposa de tu nombre
Bordé en mi corazón.
Gerardo Molina