Entradas populares
-
Quizá el herrero que hay en mí me lleve a admirar, hoy, tus manos de escultor... Por eso te suplico: déjame cuidar tus ...
-
En la biografía de Borges, hay algo que llama la atención, es su extremado amor por los gatos. Borges sentía debilidad por Odín y p...
-
El saldo de tu vida es casi un cuento, una obra distinta de las otras, un gesto que se asume por costumbre, un inútil intent...
-
Frederick Church Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Unas veces ...
-
Lazos de Palabras. Nuestro poemario 2020 ya disponible Queridos anaquelian@s, nos complace informaros que hoy se hace pública l...
-
Los pájaros dibujan en mis ojos pequeñas jaulas... sin salidas. He de partir envuelta en mi pesares. He de partir... con el rostro e...
-
Ese hombre con rostro de mentira quedó congelado en un amor de luto. Partió con las sombras de la traición y el egoísmo ...
-
Noche de enero, quieta y luminosa, junto al río, entre piedras, y a tu lado mi corazón maduro para la maravilla y el milagro. ...
-
Relato que proporciona una sola impresión de emoción o que se centra en un solo acontecimiento. Generalmente, se considera el padre...
-
Alex Dzigurski. Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el e...
martes, 23 de abril de 2019
Ritual, de Gerardo Molina
Aún soñoliento, el pueblo
al sol de la mañana,
reparte como un pan hacia los cuatro rumbos
el necesario ritual de la jornada.
La luz encienden de su polvareda
rutas y calles y caminos de chacras.
El ruido de motores, silbos, diálogos,
dispersos ya, se alejan y se acallan.
Y todos van llegando a su destino:
al surco y a la escuela, al taller y la fábrica.
El sol asciende como una fruta rubia
en el aire redondo de distancias.
Alborotos, silencios, vuelven a juntarse
cuando la tarde casi noche llega.
Feliz, gozoso, con humildes galas
el pueblo los espera.
Y el mate amargo
-recién henchida su olorosa yerba-
en cada mano fulge, fraternal,
con luz de estrellas.
El ritual, inaugurado al alba,
prolonga sus afectos en la rueda.
Gerardo Molina gerardomolinacastrillo@gmail.com
jueves, 18 de abril de 2019
A media vida, de Alejandro G. Roemmers
A media vida llego presuroso
esclavo de aprendido pensamiento.
Son ideas apenas el sustento
que alimenta el vacío tenebroso.
A media vida arriesgo, poderoso,
liberar de su jaula el sentimiento:
transformaré en amor cada momento,
perdonaré en su credo generoso.
Porque aposté a ganar y jugué en vano
hasta entrever que, aliadas en la mano,
risa y llanto son cartas de la muerte.
Agradezco el escollo superado,
al Ángel que paciente está a mi lado,
a media vida aún y a media muerte.
Alejandro G. Roemmers
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

