que nos hace existir.
Susana Valenti
que nos hace existir.
Susana Valenti
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
| Miguel Peidro |
Cabe un hilito de lluvia
En la cometa del alba
Me fui –gurí aventurero-
A regustar la fragancia
De un breve patio de tierra
donde discurría el agua,
Una mañana de lluvia,
Abierta al misterio, mi alma.
Traveseaban los gorriones
En la gramilla imantada
De tornátil pedrería.
Olor de tierra mojada,
Y de la menta, el hinojo
Y los espinillos gualdas.
La ternura silenciosa
De mi madre era en “las casas”
Todo el sol, aunque la lluvia
Con sus densos pentagramas
Volcara imprecisos cantos
En los surcos de la chacra.
Cabe un hilito de lluvia
¡qué regusto de mi infancia!
Gerardo Molina
* Nota. Cabe, preposición arcaica: junto a o cerca de
Lienzo medianero de mi casa derribada
derecho de arrimo para la cocina y el sueño
desierta geometría de trazos suspendidos
la escalera, un tabique, mi suelo.
Te mira el pájaro que duerme en el aire
mientras sus huellas cosen las nubes
y el sabor del llanto apaga la chimenea.
En la plaza se encienden las farolas
exhala su oración la tarde
y atardecen las palomas en la fuente.
La mirada del lobo ponen ojales a la noche
los árboles se visten de bruma
desfilan por el rio arañando al invierno.
La noche estrellada golpea el cristal
entra cuando no estoy
regalándote su pálido brillo.
Qué mejor invitado
puede tener,
mi vacia habitación.
Arturo García Fernández