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lunes, 11 de mayo de 2020

Terruño, de Gerardo Molina




Les cuento que hace muchos años (como veinte) yo envié un poema a un concurso de Córdoba (Argentina) y me dieron el segundo premio. Al tiempo, como no podía viajar a recogerlo, me mandaron el diploma y varias revistas literarias. En una estaban los ganadores y mi poema "La última mirada". En las hojas siguientes " No es verdad" de G. Molina (autor uruguayo). Me encantó y dejé guardada la revista como todo que lo guardo bajo siete llaves. Cuando empecé a escribir en los blogs en 2009 (tenía como nueve sitios) publiqué ese poema. Pasó el tiempo y el señor escritor, talentoso Gerardo Molina lo encontró. Yo no lo conocía. Así fue como empezamos a intercambiar libros y versos desde hace ya bastante tiempo. Hoy, en uno de sus libros, me dedica aquel primer poema. Maravilloso.

🌟


¡Hola, muy querida amiga! Ya he redondeado el libro "Terruño" (57 poemas a mis pagos Los Cerrillos y el Colorado (de adopción). Por ahí va"No es verdad":


No es verdad


                 A Luján Fraix

El pozo, la casona
y una maltrecha higuera,
paraísos abuelos,
es todo lo que queda.

¿Es todo?              
             No es verdad,
cien fantasmas azules
mi morada rodean
y saltan a mi frente
y estallan en mis venas
que se agitan y cantan
con una sangre nueva.
Las lluvias del olvido
no apagan las estrellas. 

Gerardo Molina

viernes, 1 de mayo de 2020

Al ilustre pajarito, de Francisco Mulet




Si los pájaros hablaran
como canta el cardenal,
llamarían a un congreso
que sería universal.
Y votarían la ley,
la ley de seguridad
de acabar con las jaulas
para vivir en libertad.
Construir un cielo nuevo,
entre ceibos escondido,
y una cruz de palo santo
para el pájaro caído.
Por su parte, al hornero
con su carnet de laburo*
construyendo las viviendas
para vivir más seguro.

Francisco Mulet.

*(trabajo)

jueves, 23 de abril de 2020

Frases y cuartetas, de Gerardo Molina




La esperanza es un rayo de sol en la borrasca.


El tiempo es una estrella tras de la cual giramos.


La poesía es el verbo enamorado.


Las frondas daban su memorial de oro a la sed de los vientos.


El sol asciende como una fruta rubia en el aire redondo de distancias.

Sobre esta quieta luz del mediodía,
junto a las olas de imposible llanto,
recuerdo que te amé, que te amo tanto
y pienso que tal vez aún eres mía.


En tanto surgen dulces, aladas confidencias
una llama sin tiempo nos abrasa a los dos.


En el templo agorero de la tarde
rezaré mi oración desde tu nombre.


Aún descubro las rosas de un “¡te quiero!”
en l’azul mansedumbre de tu nombre.

De adolescencia
(Escritas entre los 17 y 19 años)


Dios se encuentra en todas partes. Por ejemplo: en la luz de los astros, en el reír de la aurora, en la pureza de las vírgenes, en la inocencia de los niños. Pero sobre todo en los ojos de la mujer que amamos.


Aquel muchacho amó una vez. Pero más que a un cuerpo, amó a un alma. Más que a una mujer, amó a un ideal. Su sueño se compuso de la conjunción de la flor, del ave y de la estrella. Tenía la vida efímera de la flor; del ave, las sedosas alas y el hechizo inalcanzable de la estrella.


En algunos casos, amar es vivir dos veces; en algunos otros, es igual que morir. Pero esta muerte implica siempre una resurrección.


Quien ama la poesía, ama a Dios.


En el sentimiento del alma reside el genio del artista.


Si alguna vez pensáis en lo inconstante, en lo mudable que sois al hallar que, lo que antes decíais querer o anhelar con tanta sinceridad, hoy ya no os interesa, no os avergoncéis ni os apenéis por ello. Pero, tampoco juzguéis por lo mismo a los demás. Buscadle a cada momento su sinceridad.


No odiéis nunca o seréis esclavos de vuestro odio. Amad siempre y el amor os hará dioses.

Gerardo Molina

lunes, 23 de marzo de 2020

Estados de ánimo, de Mario Benedetti




 Frederick Church




Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otra veces un árbol
con las últimas hojas.

Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero,
ya sin embarcaciones,
una laguna verde
inmóvil y paciente,
conforme con sus algas,
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

Mario Benedetti


miércoles, 18 de marzo de 2020

El zorzal, de Juan Burghi




Con su pechera rosada
y su levita marrón;
con ese cuerpo robusto
y ese aire de gran señor,
nadie lo imaginaría
tan delicado cantor.
Muere el sol y junto al río,
da sus silbos el zorzal;
la tarde que se marchaba
se volvió para escuchar;
el agua que iba corriendo,
se detuvo hecha un crisal;
el aire quedó en suspenso;
la brisa, sin respirar;
abrió una boca tamaña
la luna sobre el sauzal,
y con lágrimas de estrellas
el cielo rompió a llorar...

Anochece... Junto al río,
sigue cantando el zorzal.

Juan Burghi 


sábado, 14 de marzo de 2020

lunes, 9 de marzo de 2020

Buscándola, de Gerardo Molina





























Esta noche me tiende su bohemia
capa de soledad; la noche fría
poblada de silencios
sin llantos, sin estrellas, sin sonrisas.

Lo mismo que las otras
llenas de luz, con las miradas fijas
de una luna pequeña que aparece
vagando por el cielo pensativa.

O aquellas de los astros parpadeantes
despertando mi sed de lejanías
con un canto silente de recuerdos:
el soplo de las brisas;

lo mismo que las otras
que al pálido poeta comprendían
esta noche poblada de silencios
sin llantos, sin estrellas, sin sonrisas,

viome vagar con la mirada extraña
buscando indefinida
al alma que ofreciérale mi alma
y la ilusión de mi melancolía.

Viome vagar buscando
su alma, la lejana y sensitiva
que en sus brumas celestes se llevara
con mis besos, mi amor y mi alegría.

¡Y no la hallé, Señor! ¡La triste suerte
apartó de mis manos sus caricias!...
La noche acompañó mis soledades
mis quejas y mis cuitas.

¡Y no la hallé, Señor!...
¡También ella me busca y no me olvida!...
¿Por qué la arrebataron de mis brazos?
¿Por qué este sinsabor y esta desdicha?

¡Pero he de recobrarla, en este mundo
o en la muerte, quizás, o en otra vida!
¡Tú, tan bueno y tan justo!... ¡Has de volvérmela,
Señor, porque era mía!

Gerardo Molina
1958