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lunes, 9 de marzo de 2020
Buscándola, de Gerardo Molina
Esta noche me tiende su bohemia
capa de soledad; la noche fría
poblada de silencios
sin llantos, sin estrellas, sin sonrisas.
Lo mismo que las otras
llenas de luz, con las miradas fijas
de una luna pequeña que aparece
vagando por el cielo pensativa.
O aquellas de los astros parpadeantes
despertando mi sed de lejanías
con un canto silente de recuerdos:
el soplo de las brisas;
lo mismo que las otras
que al pálido poeta comprendían
esta noche poblada de silencios
sin llantos, sin estrellas, sin sonrisas,
viome vagar con la mirada extraña
buscando indefinida
al alma que ofreciérale mi alma
y la ilusión de mi melancolía.
Viome vagar buscando
su alma, la lejana y sensitiva
que en sus brumas celestes se llevara
con mis besos, mi amor y mi alegría.
¡Y no la hallé, Señor! ¡La triste suerte
apartó de mis manos sus caricias!...
La noche acompañó mis soledades
mis quejas y mis cuitas.
¡Y no la hallé, Señor!...
¡También ella me busca y no me olvida!...
¿Por qué la arrebataron de mis brazos?
¿Por qué este sinsabor y esta desdicha?
¡Pero he de recobrarla, en este mundo
o en la muerte, quizás, o en otra vida!
¡Tú, tan bueno y tan justo!... ¡Has de volvérmela,
Señor, porque era mía!
Gerardo Molina
1958
