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domingo, 17 de abril de 2022
Beppo, de Jorge L. Borges
martes, 29 de marzo de 2022
Tu voz me llama desde los trigales, de Rafael Sánchez Ortega
Tu voz me llama, desde los trigales,
¡oh tierra mía que ha curtido el tiempo!, es el sonido duro de la gleba cuando ya siente el roce de los vientos. Pero ese grito viene de ti misma, mi tierra noble, desde los ancestros, los mismos que labraron tus terrones, los hombres que pasaron y murieron. Es una voz distinta y solidaria, es esa voz que clama en el desierto, buscando las raíces de la vida, el pan y la comida con denuedo. Es esa voz quizás desesperada buscando en esta vida su alimento, por medio de la tierra y de los hombres arando sin descanso los alberos. La tierra de secano blanquecina, la misma que labraron los abuelos, aquellos que dejaron esta herencia, de tierra de sudor y sufrimiento. Tu voz me llama, desde los maizales, ¡oh tierra dura del jardín que llevo!, ¡cuánto daría por poder decirte, regar al fin, tu corazón sediento!. Sentir tu corazón como a una rosa, mojar la tierra dura en el invierno, con esas nubes negras que nos llegan dejando lluvia amarga por los suelos.martes, 15 de marzo de 2022
Poemas de Gerardo Molina
La Ventana
La ventana está allí
¡cuántos recuerdos guarda!
desde el inocente rubor
del primer beso
hasta el temblor
de la primera lágrima.
Pero no estás tú,
apenas los fantasmas
de todo lo vivido,
de aquel amor inmenso,
no han querido marcharse de la casa.
Gerardo Molina
Recordándote
Sobre esta quieta luz del mediodía,
Junto a las olas de imposible llanto,
Recuerdo que te amé, que te amo tanto
Y pienso que tal vez aún eres mía.
Quedó atrás la ilusión. Nuestra porfía
Contra el destino se volvió quebranto
Y tenaz, solo, como el mar, levanto
La certeza en regresos todavía.
Pero no en vano se ama así, mi cielo,
Una herida de amor, en su desvelo,
Se vuelve un rojo altar donde adorarte.
Arde en soles la noche del que espera;
Sobre la desazón una quimera
Y un «¡Volveré!» en los ojos del que parte.
Gerardo Molina (profesor, escritor y poeta de Uruguay)
viernes, 4 de marzo de 2022
Sobre los hombros, de Susana Valenti
que nos hace existir.
Susana Valenti
miércoles, 2 de marzo de 2022
Me gusta cuando callas, de Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo Neruda
viernes, 25 de febrero de 2022
Lluvia, de Gerardo Molina
| Miguel Peidro |
Cabe un hilito de lluvia
En la cometa del alba
Me fui –gurí aventurero-
A regustar la fragancia
De un breve patio de tierra
donde discurría el agua,
Una mañana de lluvia,
Abierta al misterio, mi alma.
Traveseaban los gorriones
En la gramilla imantada
De tornátil pedrería.
Olor de tierra mojada,
Y de la menta, el hinojo
Y los espinillos gualdas.
La ternura silenciosa
De mi madre era en “las casas”
Todo el sol, aunque la lluvia
Con sus densos pentagramas
Volcara imprecisos cantos
En los surcos de la chacra.
Cabe un hilito de lluvia
¡qué regusto de mi infancia!
Gerardo Molina
* Nota. Cabe, preposición arcaica: junto a o cerca de
lunes, 7 de febrero de 2022
Muro, de Arturo García Fernández
Lienzo medianero de mi casa derribada
derecho de arrimo para la cocina y el sueño
desierta geometría de trazos suspendidos
la escalera, un tabique, mi suelo.
Te mira el pájaro que duerme en el aire
mientras sus huellas cosen las nubes
y el sabor del llanto apaga la chimenea.
En la plaza se encienden las farolas
exhala su oración la tarde
y atardecen las palomas en la fuente.
La mirada del lobo ponen ojales a la noche
los árboles se visten de bruma
desfilan por el rio arañando al invierno.
La noche estrellada golpea el cristal
entra cuando no estoy
regalándote su pálido brillo.
Qué mejor invitado
puede tener,
mi vacia habitación.
Arturo García Fernández



