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miércoles, 27 de marzo de 2019

La pitanza, de Gerardo Molina


J.F.Millet



Con una tarda yunta, arando en lontananza,
te vio el albor primero, y el rayo vespertino
postrer, sobre la tierra, te verá, campesino
que siembras como un dios el pan y la esperanza.


Cuando media la tarde, según la tosca usanza,
hierático, desunces el mísero y cansino
par de bueyes que triscan a un lado del camino
mientras tú saboreas la sencilla pitanza.


Labrador, ¿me recuerdas?... Alguna vez, de niño,
te acerqué la vitualla que, con leal cariño,
compartiste en silencio conmigo... La distancia


aún trasciende a ternuras de mano femenina:
queso y pan, y la glauca bebida cristalina
que sabe a los más puros recuerdos de la infancia.


Gerardo Molina





“En ‘La Pitanza’ tu verso descubre para nosotros la bucólica poesía de la pausa de ese dios-labrador que en la tarde desunce los bueyes para probar el humano placer del cariño de la mujer distante, del niño presente, de la merienda frugal en la tarde calor, color y luz- envolviendo las figuras profundamente humanas, en esa hora en que descansa el hacedor y las cosas cobran vida y sentido.”


Dr. Mario Icasuriaga
(narrador y poeta- Canelones- Uruguay)


“El soneto ‘La Pitanza’ es la obra cumbre de Gerardo Molina. El recuerdo que él hace es precioso. Vemos pasar el día en los
ondulados campos cerrillenses, allí está el campesino que hace un alto en la jornada y que, tras soltar los nobles animales que le acompañan, recibe al niño que le lleva su merienda. ¡Qué cuadro más hermoso! Sin duda alguna digno de la paleta de Jean Francois Millet. (1)
Iván Aarón
(Novelista chileno)



(1) Jean Francois Millet, pintor y paisajista francés (1814-1875.

domingo, 7 de octubre de 2018

Ejercer la palabra, de Andrés Pierucci


William Maw Egley




Ejercer la palabra en su extensión auténtica,
con su fuerza remota y su color exacto,
con la voz desprovista de señales oscuras,
con la voz insurrecta ante otras nocivas.
La palabra, cualquiera, siempre ha de ser la misma,
la variante es la forma de ser utilizada;
lo distinto es realmente lo que dicen o callan
las palabras iguales. Con un mismo sonido
se hiere o cicatriza, se aprende o se desprende,
se agoniza o se inspira.
Ejercer la palabra es un acto de hondura,
sentirse responsable desde la primera sílaba;
no marchitar el sueño o el espíritu del verso,
agitando la frase hasta hacerla visible.
Orientar la palabra, rodearla con los nexos
que asimilen su encanto o su dureza innata;
trabajarla a cansancio, darle una faz prolija,
vaciarla de tapujos y ofrecerla, desnuda.
Ejercer la palabra y cuidarla de todo,
del silencio imprudente, del instinto insensible.
de la ponzoña inerme de los ojos incrédulos.
Pensarla, como un hijo o como a los consejos,
arrimarla hasta el alma y escuchar sus latidos.
Ejercer la palabra entre libros o nubes,
darle, una forma única, liberarla de hábitos;
construirla dichosa o consagrarla triste,
cercarla de fulgores o sombras necesarias.
Es mucho lo que se piensa y explica por sí misma,
ya es demasiado abrirla y exponerla ante el mundo.
Ejercer la palabra desde cimas o abismos,
desde la paz amiga o desde la locura;
lo importante es cuidarla, desearla, simplemente,
cual si fuera el indicio de nuestra trascendencia.

Andrés Pierucci

de "La noche a tu costado"

domingo, 23 de septiembre de 2018

Almafuerte y Oda al árbol, de Gerardo Molina




Hace un tiempo recibí estos dos libros del gran escritor y poeta GERARDO MOLINA (Uruguay)

ALMAFUERTE y otros estudios literarios reúne en un trabajo arduo el análisis de la obra de otros autores. GERARDO MOLINA es poeta, ensayista y docente, es por eso que intenta, a través de sus letras, transmitir la idea, el sentimiento y la hondura de la creación del artista. Puede ver sus virtudes, reconocer sus méritos y luego exponer su contenido.

G.Molina analiza perfiles y personalidades: Almafuerte, prócer de las letras americanas, Pablo Neruda, aspectos biográficos y poemas, Oscar Guiñazú Álvarez y los Encuentros de Poetas.

Seguramente existe mucho por descubrir en este texto maravilloso que enriquece la cultura, que nos permite conocer y crecer como autores para entender un poco más los mecanismos del arte y de las letras. Un oficio para nada fácil.

ODA AL ÁRBOL es un poemario entrañable que tiene mucho que ver con su autor: la nostalgia, los afectos, la vida, el ayer. El árbol escolta su viaje y va dejando huellas visibles del tiempo.

EL RANCHO

Como manos que se unen para el rezo
su techo primitivo presume
un corazón cristiano donde pone
el campesino albor su primer beso.

Parte entonces la grey y queda opreso
de un fervor casi humano que traspone
su cuerpo de terrón con que dispone
la ternura del pan a su regreso.

Llega la hora nocturnal, serena,
un aroma frutal llama a la cena
mientras reasume su actitud de rezo.

Una flor protege su contorno
y en seráfica paz ensaya el horno
tras la fronda, su postrer bostezo.

💗

HUELLAS

Estas tierras trabajó
mi padre, joven y fuerte,
antes de irse con Dios...
Tal vez sus huellas encuentre.

Su silbo, quizá su canto
esté en los atardeceres...
Ando y ando sus camino
tal vez sus huellas encuentre.

A los caminos que anduvo
mi padre, suelo volver,
y así, andando, me parece
que camino junto a él.

Gerardo Molina


miércoles, 12 de septiembre de 2018

Mujer en su ventana, de Olga Orozco




























Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino,
definitivamente inalterable desde ahora como el mar en un cuadro,
y sin embargo, el cielo continúa pasando con sus
angelicales procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
y allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada.
y alguien en cualquier parte levantará su casa sobre el humo
y el polvo de otra casa.
Inhóspito este mundo.
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos
prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo entre una mujer y un hombre.

Olga Orozco

miércoles, 27 de junio de 2018

Soneto a la poesía, de Gerardo Molina


Imagen de Víctor Casaravilla Escalada enviada por el autor
Fue nuestro afán de niño conquistarla
y escapa en el intento nuestra vida.
La Vida fluye de la azul herida
y no vivimos sino para amarla.


Sentirla y escribirla y adorarla:
irreal, hechizada, presentida,
llegar al lecho donde está dormida
y con un beso leve despertarla.


Imposible, gentil, esquiva, cierta,
en nuestro ser a cada instante abierta
como una blanca flor sobre la herida.


Así, en sueños, soñamos y vivimos
y cuando al fin sintamos que partimos
con ella volveremos a la vida.


Gerardo Molina

Gracias Gerardo Molina por colaborar con esta página. Un abrazo.



viernes, 22 de junio de 2018

Rutina, de Rosa Fasolís




El invierno deporta pájaros.
(Conoce la rutina: sólo eso)
Alguien dibuja un pájaro; alguien
guarda la memoria del dibujo
en una hoja secreta.
Los que caminan con apuro piensan:
ya vendrán.
(Conocen la rutina: sólo eso).
Sin embargo
alguien, en algún lugar,
dice la oración por el regreso,
prefigura el anatema.

Alguien
a pesar de todo
quiebra la rutina y se detiene
a leer un pájaro
a mirar el vuelo de un poema.

Rosa Fasolís
Del libro "Sacramento y ceniza"