Entradas populares
-
En la biografía de Borges, hay algo que llama la atención, es su extremado amor por los gatos. Borges sentía debilidad por Odín y p...
-
El sol con sus rayos rojos ya no brilla, ya no arde; que está dormida la tarde y está dormida en tus ojos. Al morir, c...
-
"La poesía es el punto de unión entre el poder divino y la libertad humana." Octavio Paz (México) El s...
-
Los cuentos de Gerardo Molina son del pago y para el pago, hecho que, lejos de circunscribirlos, los universaliza porque el mundo está...
-
El invierno deporta pájaros. (Conoce la rutina: sólo eso) Alguien dibuja un pájaro; alguien guarda la memoria del dibujo en una ...
-
RESEÑA DE “TERRUÑO” Por Luján Fraix En la Tierra no hay cielo, pero hay partes de él. Jules Renard. Acabo de terminar de leer el libro que...
-
Imagen de Víctor Casaravilla Escalada enviada por el autor Fue nuestro afán de niño conquistarla y escapa en el intento nuestra vida. ...
-
Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada. Empieza el llanto de la guitarra. Es inúti...
-
I He dado el salto de mi alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace. II Estas son...
miércoles, 12 de septiembre de 2018
Mujer en su ventana, de Olga Orozco
Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino,
definitivamente inalterable desde ahora como el mar en un cuadro,
y sin embargo, el cielo continúa pasando con sus
angelicales procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
y allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada.
y alguien en cualquier parte levantará su casa sobre el humo
y el polvo de otra casa.
Inhóspito este mundo.
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos
prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo entre una mujer y un hombre.
Olga Orozco
