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sábado, 17 de diciembre de 2016

Amo, de Marta Santos






Amo tu contorno sutil de lejanías,
tu serena manera de dibujar
distancias,
tus ojos fugitivos, tu eterna melodía
cuando tus voces callan.
Amo tu limpia forma de querer mis espacios,
y tu modo sencillo de ocultar
las palabras,
te amo en el misterio de no alcanzar tu canto
y en los difusos grises de tus brazos
que calman.

Amo el diálogo oculto en paz
contigo mismo
y el extraño silencio
con que a veces me amas.

Marta Santos (Argentina)


jueves, 15 de diciembre de 2016

A Luján Fraix, de Martha E. Darío







A Luján Fraix

El oficio de ser una sombra frágil-legado incansable de ausencias y de encuentros-, merodeando su acostumbrada periferia en el olvidado universo del apenas vivir...

La muchacha tímida, de cabellera lacia y rubia, envuelta en la palidez de un rostro triste y ausente, engarzaba como perlas, prosa y poesía.

Pude verla tras sus ojos oscuros, sumergida en su imaginación, invocando lejanas circunstancias de sus antepasados y tejiendo las historias de su abuela francesa que su padre solía contarle.

Pude verla flotando en sus sueños, escribiendo con su diccionario al lado, con la intención de plasmarse un horizonte color jade, por encima de ella misma.

Mas, de cuando en cuando, la traicionera melancolía la asaltaba como un destello y se adueñaba de su yo inconsciente, transformándola, apagándola... como se apagan los girasoles cuando muere el sol en las tardes de verano...

ESO PARECE QUE FUE AYER

Pero pasó el tiempo y un día-no muy lejano-decidió romper con la esclavitud que la mantenía cautiva de sus deseos más fuertes.

Y eligió ser dueña de sí misma, de aquellas letras que fueron su sostén desde hacía tantos años!

Claro es que sintió el llamado "Talitakum", "niña, levántate y vete", en la palabra del Señor... y decidió cambiar su rumbo hacia nuevas reflexiones con su estilo más firme y definido.

Pisando fuerte, se fue lejos esta vez con su vuelo libre de culpas y cargos, de trampas, de declives, hasta poder palparse ella misma en el horizonte de sus escritos y encontrarse en el destino de la cima.






Tras el asombro de la duda,
nace la certeza.
Por ello,
sólo necesitabas
ser dueña de ti misma;
salirte de la nada,
y ahondar en el abismo;
mecer tu soledad
y caminar los pasos del tiempo.

Sólo necesitabas...
comprender lo que querías,
liberarte de interrogantes
y dejar de ser la prófuga
de tus propias palabras.

Sólo necesitabas...
regar tus anhelos,
sobre las hojas en blanco
mirándote el alma por dentro...

Sólo necesitabas...
liberarte de los miedos
y romper con los prejuicios
que paralizan los sueños...

Sólo necesitabas...
recomponer tus alas
y aletear hacia el azul
en búsqueda de cimientos nuevos
para refugiarte en las palabras
de tu propio yo auténtico.

Martha Eloísa Darío
Mayo, 2001


Esta "joya literaria" la guardo como un tesoro pues me la ha dedicado mi amiga y compañera del Taller "Encuentros" hace años Martha E. Darío ( bisnieta del célebre escritor nicaragüense RUBÉN DARÍO).

Me sentí muy honrada de que ella me haya obsequiado estas palabras; un ser admirable, humilde, encantador, una hermosa persona que conocí y con la que tuve el placer compartir tardes inolvidables en el Taller. 

Fue una de las épocas más felices de mi vida en donde aprendí mucho sobre escritura pero también lecciones de vida. A Susana (profesona y amiga) le debo lo que soy (mucho o poco, no sé...) pero ella fue artífice de un destino que yo ya había marcado desde mis 8 años pero que ella se encargó de orientar, de sostener, de enriquecer...

Gracias Martha, un honor para mí recordar este poema.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cuando llegues a amar, de Rubén Darío




      Cuando llegues a amar, si no has amado,
      sabrás que en este mundo
      es el dolor más grande y más profundo

      ser a un tiempo feliz y desgraciado.
      Corolario: el amor es un abismo
      de luz y sombra, poesía y prosa,
      y en donde se hace la más cara cosa
      que es reír y llorar a un tiempo mismo.

      Lo peor, lo más terrible,
      es que vivir sin él es imposible.

      - Rubén Darío

lunes, 12 de diciembre de 2016

Nada, de Oscar López




Nada hay esta tarde
que recuerde
una porción de risa
o una esperanza,
hay una sombra de olvidos,
sólo olvidos
y un pasaporte
sin sol y sin mañana...
Nada hay esta tarde
sólo
el tiempo
que se lleva en silencio
mi palabra.

Oscar A. López (Argentina)

jueves, 8 de diciembre de 2016

La guitarra, de Federico García Lorca






Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible callarla.
Llora por cosas lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.


Federico Garcia Lorca

domingo, 4 de diciembre de 2016

Poema 10, de Pablo Neruda







Hemos perdido aun este crepúsculo. 
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas 
mientras la noche azul caía sobre el mundo. 

He visto desde mi ventana 
la fiesta del poniente en los cerros lejanos. 

A veces como una moneda 
se encendía un pedazo de sol entre mis manos. 

Yo te recordaba con el alma apretada 
de esa tristeza que tú me conoces. 

Entonces, dónde estabas? 
Entre qué gentes? 
Diciendo qué palabras? 
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe 
cuando me siento triste, y te siento lejana? 

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, 
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa. 

Siempre, siempre te alejas en las tardes 
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.


Pablo Neruda


viernes, 2 de diciembre de 2016

La función del arte, de Eduardo Galeano





Diego no conocía la mar. El padre Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de caminar mucho, la mar estalló frente a sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de su hermosura y cuando por fin consiguió hablar, temblando, pidió a su padre:

-¡Ayúdame a mirar!

Cuento de "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano ( Montevideo, Uruguay, 1940)