Entradas populares

domingo, 19 de julio de 2020

Los caminos del frío, de Raúl G. Brarda



Abraham Solomon



Nuevamente el invierno
establecía sus cánones
dictando la aspereza de la tarde.

Mi sensación era que las aves
no alcanzarían este cielo
y vivirían muy cerca de las plantas
en las inmediaciones del poniente.

Desde esos bancos desolados
años atrás,
había sentido en un instante
las apariencias que la noche engastara
en aquella tierra desierta.

Hoy descreo de un vasto poderío
sobre los pliegues de la lluvia.

Es que el paisaje contiene,
estrecha la región donde su brisa
volverá a nuestro cuerpo,
pero olvida que una ráfaga intensa
fracasará con los árboles,
tiempo antes del recuerdo
que empezará a nacer.


Raúl García Brarda



lunes, 13 de julio de 2020

Poemas de María Esther Mirad



EL CAMINO INTERIOR

Por debajo del camino terrestre,
por la espiral de arena que es la casa del alma
me moveré esta noche apartando las sombras
hasta que crezca el alba.
Voy a bajar al fondo para hurgar en los sueños,
inventar los nombres, recordar los fantasmas,
desenredar los hilos que me anudan al  suelo
y subir con el día a interrogar la luz
antes que se apague mi lámpara.



BALANCE

Sé que vendrá ese tiempo, el tiempo cero
que rechaza el metal de los relojes.
Ese infinito segundo irregistrable
en el que desgarramos los disfraces
para enfrentar desnudos ese último espejo,
el que devuelve el verdadero rostro
enmascarado por el rostro de niebla que elegimos.
Y en esa hora clave, se trizará la luna
y estallará en mis manos
el secreto reverso de la trama.


LA TIERRA

La pienso ahora,
como un tapiz antiguo, entretejido
con hilachas de tigre y de pájaros
anudados con líquenes y lirios,
entramados en oro y alabastro.
Desgarrado tapiz,
desdibujados por los dedos del viento
y vuelto a armar con hilos infinitos
y retazos de hombres y de dioses
en un telar de siglos.
Sin embargo,
la piso sin pensar, mientras camino
sobre su cuerpo de matrona tendida
en un lecho tallado en piedra y polvo
y perforo su vientre percudido
por diluvios y soles implacables
para hundirle raíces como clavos
y arrebatarle pétalos de nácar,
mientras ella, tendida,
trabaja sus incesantes partos.


María Esther Mirad

martes, 30 de junio de 2020

La sirena, de Zelmira Airaldi





Ella impulsa de modo diferente
su moreno perfil con nuevo brío,
y el Mascarón la mira fijamente
cuando le da su cabellera al río.

No la inquieta la lluvia transparente
que corre entre los saltos y el estío,
y el saucedal la envuelve blandamente
en las proximidades del navío.

Pero una vez fue claro y concluyente
que su canto en alto desafío
ninguna nota conmovió al oyente.

Y ella, que amaba el Mascarón sombrío,
se lanzó contra él y su tridente
y ensangrentada se perdió en el río.

Zelmira Airaldi.

lunes, 22 de junio de 2020

Tener un amigo, de R. Groch





Tener un amigo es ya no tener miedo cuando se tiene algo que pedir,
porque ha nacido alguien con el que uno
todo lo puede compartir.
Tener un amigo es sentirse generoso de repente y pensar
que de lo propio todo se ha de dar,
pues se achicaron tanto las distancias que quedó sola
hasta la misma soledad.
Tener un amigo es sentir un incomprensible sentimiento
cercano del amor,
pues la verdad que grita desde dentro
ha quebrado el vicio del pudor.
Tener un amigo es sentir que uno tiene todo por decir
sin que haya nada por callar,
pues los secretos se han marchado,
como se marcha el extranjero del hogar.
Tener un amigo es al fin tener al alguien a quien uno de frente puede ver,
y sentir que aprende el gran misterio
de aprenderse a conocer.
Tener un amigo es todo lo mejor que te pude suceder;
valóralo como la máxima riqueza 
que en la vida puedas tú tener.

R. Groch

lunes, 15 de junio de 2020

A Marita Chiessa Peissino, de Gerardo Molina




















In memoriam

Invade la espesura, de tu piano,
su ángel redivivo, “Para Elisa”
Y tu alma beso, trémula, en la brisa
Como besara un hidalgo tu mano.

Bajo este mismo cielo comarcano,
Un tiempo adolescente y la imprecisa
Pasión del arte -luz de tu sonrisa-
Lejos del mundo insustancial y vano.

Aunque otra tierra te acogió en su seno,
A la espesura de tu lar sereno
Tu imagen vuelve, eternamente joven.

Y, como ayer, se unen los latidos
Irradiando en un cielo sin olvidos:
Chopin, Hugo, Rubén, Schubert, Beethoven…

Gerardo Molina
Junio, 2015


Notas
Chopin, Federico, músico polaco (1810-1849)
Hugo, Victor, escritor francés (1802-1885)
Darío, Rubén, poeta nicaragüense (1867-1916)
Schubert, Franz, músico austriaco (1797-1828)
Beethoven, Ludwig, músico alemán (1770-1827)

Evocando aquel tiempo (1958) en que hacíamos veladas artísticas en el Centro Social Los Cerrillos, por ejemplo el homenaje al Poeta Eudoro Melo, el 26 de enero de ese mismo año, donde actuamos: Marita Chiessa, Esther Orraca, Ana Fuentes, Mabel Montes de Oca, los guitarristas Sosa- Garrarasini, Abel Soria y yo. Marita encantó a la concurrencia interpretando: Aires Españoles, el Vals op. 69 nº 2 de Chopin, la Serenata de Schubert, Torna a Surriento de De Curtis y el Vals Apasionado de Kalender.

viernes, 5 de junio de 2020

Poema de Rafael Sánchez Ortega



 William Adolphe Bouguereau




























Querida Luján... Acabo de leer tu poema "Pastora" y, sin querer, me han surgido estos versos que te paso.

(Inspirado en el poema de Luján Fraix, "Pastora")


Recuerdo aquel remanso de paz con las ovejas, los ojos soñadores perdidos en la acequia. Las nubes, en el cielo, robaban los suspiros surgidos de los labios con versos y balidos. El tiempo pasa lento y aumenta la esperanza, que el aire, con la brisa, me traiga tu palabra. ¡El grito de la tierra, el canto de la luna, la voz de la resaca y un eco en la penumbra...! La imagen que yo ansío del verso y de la rosa, unidos a un poema que llegue a ti, Pastora... Rafael Sánchez Ortega © 04/06/20

lunes, 25 de mayo de 2020

Oda escrita en 1966, de Jorge L. Borges














Jorge Luis Borges.
Del libro " El Otro, El Mismo".
🇦🇷
ODA ESCRITA EN 1966
Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.

Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)

Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.