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sábado, 14 de enero de 2017

Objetos perdidos, de Julio Cortázar







Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me acechan con sus cantos.
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome,
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo,
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.

Julio Cortázar

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JULES FLORENCIO CORTÁZAR, escritor argentino nacido en Bruselas en 1914, es una de las figuras más importantes de la literatura hispanoamericana.

Llegó a Argentina con cuatro años, tras haber estado viviendo en Ginebra y Zurich. Fue abandonado por su padre, vivió con el resto de su familia en Banfield, un suburbio de Buenos Aires.

En 1923, a la edad temprana de nueve años, inició sus primeros ejercicios literarios. También empezó a escribir poemas. La familia sospechaba que eran plagios, lo que le provocaba a Julio una gran desazón.


Poema 20, de Pablo Neruda



















Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


Pablo Neruda


miércoles, 11 de enero de 2017

Días grises




                      


                               "No hay trampas para atrapar el afecto"

                                                                         Mario Benedetti



                               Tu recuerdo está vivo,
habita en la niebla  de un pobre secreto,
que quiere escapar de las horas,
de la infinitud del espacio,
                                y dejar un estigma... tus ojos.


                                 Sé que el tiempo borrará el camino
                                 de espinas y rosas
                                 y me quedaré sola
                                 con tu mirada fría en mi alma.
                                 Seré sombra, cofre de estrellas, fatiga...
                                 Sin luz en mis labios,
                                 sin retornos ni risas.

                                 Lloraré detrás de las máscaras,
                                 en la desnudez de la tarde
                                 cincelada de fuego y misterio
                                 y en el andén de la lumbre
veré un matiz claro y rosado:
aquella primavera 
                                                    la que dibujaron tus pasos.

                                  Tú te llevaste mi vida
y me dejaste en las sombras
de una agonía que pide consuelo
y sólo recibe tu ausencia.

                                   Sé que puedo escribir tus palabras
                                                      de nuevo,
                                   pintar la tibieza de un sol amarillo,
                                   aunque tú ya no estés
y sólo escuche el eco de tu triste silencio.



Luján Fraix-1984

De mi libro "Septiembre" (poemas, 2007)

                  

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