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miércoles, 18 de marzo de 2020

El zorzal, de Juan Burghi




Con su pechera rosada
y su levita marrón;
con ese cuerpo robusto
y ese aire de gran señor,
nadie lo imaginaría
tan delicado cantor.
Muere el sol y junto al río,
da sus silbos el zorzal;
la tarde que se marchaba
se volvió para escuchar;
el agua que iba corriendo,
se detuvo hecha un crisal;
el aire quedó en suspenso;
la brisa, sin respirar;
abrió una boca tamaña
la luna sobre el sauzal,
y con lágrimas de estrellas
el cielo rompió a llorar...

Anochece... Junto al río,
sigue cantando el zorzal.

Juan Burghi 


sábado, 14 de marzo de 2020

lunes, 9 de marzo de 2020

Buscándola, de Gerardo Molina





























Esta noche me tiende su bohemia
capa de soledad; la noche fría
poblada de silencios
sin llantos, sin estrellas, sin sonrisas.

Lo mismo que las otras
llenas de luz, con las miradas fijas
de una luna pequeña que aparece
vagando por el cielo pensativa.

O aquellas de los astros parpadeantes
despertando mi sed de lejanías
con un canto silente de recuerdos:
el soplo de las brisas;

lo mismo que las otras
que al pálido poeta comprendían
esta noche poblada de silencios
sin llantos, sin estrellas, sin sonrisas,

viome vagar con la mirada extraña
buscando indefinida
al alma que ofreciérale mi alma
y la ilusión de mi melancolía.

Viome vagar buscando
su alma, la lejana y sensitiva
que en sus brumas celestes se llevara
con mis besos, mi amor y mi alegría.

¡Y no la hallé, Señor! ¡La triste suerte
apartó de mis manos sus caricias!...
La noche acompañó mis soledades
mis quejas y mis cuitas.

¡Y no la hallé, Señor!...
¡También ella me busca y no me olvida!...
¿Por qué la arrebataron de mis brazos?
¿Por qué este sinsabor y esta desdicha?

¡Pero he de recobrarla, en este mundo
o en la muerte, quizás, o en otra vida!
¡Tú, tan bueno y tan justo!... ¡Has de volvérmela,
Señor, porque era mía!

Gerardo Molina
1958

jueves, 13 de febrero de 2020

Para ser niño, de Teresita Peralta




Para ser niño se necesita
tres cuartos de sol liviano,
seis margaritas,
una luna redonda
hecha con tiza;
inventarle al invierno
una camisa
con los puños de cielo,
cuello de brisa...
Para ser niño se necesita
mucho amor en el mundo
y cada día
dibujarle a los grandes
una sonrisa...



Teresita Peralta

domingo, 9 de febrero de 2020

El nido, de Julio Villaverde






El campo se agrisaba en lejanía.
ámbar violáceo decoraba el cielo,
y eran sombras los montes tras un velo
de niebla sutilísima y tardía.

En el oscuro pino se mecía
el nido de calandrias. Un desvelo
vibraba en la pareja cuyo vuelo
calor de fiebre paternal tenía.

Doró la tarde su matiz más fino.
El nido susurraba débilmente
suspenso en palpitante balanceo.

Y la dicha de amar volvióse trino,
colores, luz divina en el torrente
maravilloso y claro del gorjeo.



Julio Villaverde.



Pintura de Crista Forest



viernes, 7 de febrero de 2020

Por el Camino Real, de Gerardo Molina




























Por el Camino Real iba mi padre
-silbo en los labios, luz en la mirada-
prestancia campesina, gentilhombre
en otro tiempo de pasión y hazañas.

¡Y era linda mi madre! Como un sueño
de esos que al despertar pueblan el alma
de infinitos celajes de ternura
como una intensa y única alborada.

Iba mi padre, silbo entre los labios,
por la tarde que crece -azul y gualda-
de perfumes intensos. El labriego
va redondeando el seno de las parvas.

En azules regiones de misterio
aún vagaba mi alma
para alumbrar, al fin, cuando el lucero
recompone la música del alba.

Y allí cerca nací, con un destino:
noviado del amor y la palabra,
romero impenitente
y pródigo en la vida y en las aulas.

Con un rezo en los labios se ha dormido
mi madre. Y, dulce novia, su mañana
teje en un sueño de jazmín y estrella
y de un sencillo hogar junto a la chacra.

Por el Camino Real vuelve mi padre
y en su silbo acrecido de esperanzas
el alma, toda miel, aflora y ríe.
Un silencio de estrellas le acompaña.

Gerardo Molina

Pintura de Terry Harrison