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sábado, 26 de diciembre de 2020

La rosa---grandes autores




La Rosa Prudente


A su espinoso mundo sometida
vive y muere la rosa colorada:
su pura soledad, ¡qué bien guardada!,
su bandera de amor, ¡qué defendida!

Guerra, pero entre dardos florecida:
cielo, mas al arrimo de la espada,
si hasta la rosa llega tu mirada,
no se le atreve al fin tu mano herida.

Miel indefensa, corazón desnudo
que a todo viento, si es de amor, te inclinas,
falto a la vez del arma y del escudo:

¡busca ya la milicia cuidadosa!
y que, mortificado en tus espinas,
te valga la prudencia de la rosa.

de Sonetos de Sophia de Leopoldo Marechal (1900-1970)




A una Rosa

Ayer naciste y morirás mañana
para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?.

Si te engañó tu hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida
porque en esa hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

Luis de Góngora (1561-1627)
Representante del culteranismo en España del siglo XVII



La Rosa

Cuando se abre en la mañana,
roja como la sangre está;
el rocío no la toca
porque se teme quemar.
Abierta en el mediodía
es dura como el coral,
el sol se asoma a los vidrios
para verla relumbrar.
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal;
y cuando toca la noche
blando cuerno de metal
y las estrellas avanzan
mientras los aires se van,
en la raya de lo oscuro
se comienza a deshojar.

Federico García Lorca (1898-1936)
España-Siglo XX-Vanguardismo.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Poemas de Gerardo Molina (Uruguay)

 

















El mensaje de la tarde o La esperanza


La tormenta ha cerrado sus párpados sombríos

sobre el curvo horizonte y la luz que agoniza.

Yo recojo un pedazo de azul para mi canto,

última flor incólume de la tarde que muere.


Pero este azul pequeño puede llenar el mundo

y vencer las tinieblas y triunfar de la muerte.

¿Cuántos son los que pueden -como yo en este instante-

recoger el mensaje de la tarde que muere?


Si el corazón es sabio develará el enigma.

Si el alma es sensitiva la inundará su luz.

No hay cabida en mi frente para el mal ni la sombra.

¿Qué importa que la tarde ahonde su tristeza?


¿Qué importa que la noche agigante sus pasos?

La esperanza es un rayo de sol en la borrasca.


Gerardo Molina


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Para el adolescente que se murió de amor


Cuando daban las frondas su memorial de oro

a la sed de los vientos, de rústicos pastores

dolía el caramillo doloridos dulzores

invadiendo las selvas su desolante lloro.


Las Dianas, Silvias, Filis y Amarilys en coro

por la floresta umbría contaron tus amores

ante el asombro mudo de alados parladores

tal como si admirasen centellar un meteoro.


¡Oh, adolescente anónimo! Tu corazón exhausto

de amar, a la Implacable se brindó en holocausto,

tan frágil y tan puro como una rosa en flor.


¡Y es por tu valentía ante el mundo engañoso

que tu ideal resplandece, vencido victorioso,

en todos los mortales que amamos el amor!


Gerardo Molina


domingo, 11 de octubre de 2020

La noche y la casa, de Eva Basso de Leone

 




Cuando duermes ciudad, ensimismada
en el idioma negro de las cosas,
no reconozco el jardín, las rosas,
la sombra de la verja con su arcada.

Esa casa, ese patio...¡casi nada!,
mi casa, las ventanas, el sosiego,
lugar mudo y sin luz cuando llego,
fue una vez mi sostén y mi morada.

Mi ciudad gigantesca tiene sueños
de corceles, de lunas y de emblema
que el cielo va surcando como ensueños.

Traerán cantando mi primer poema
dos duendes amarillos y pequeños...
y habrá un rosal con su primera yema.

Eva Basso de Leone

miércoles, 9 de septiembre de 2020

El rostro del viento, de H. Ak´abal




El rostro del viento
traía la palidez del miedo
y se desplomó contra la pared
del fondo de la casa.

-¿Cuál es tu mensaje?-
le preguntó la abuela.

-El aguacero es fuerte-dijo
y en la cumbre
el río perdió sus señas,
ahora viene arrastrando
todo lo que encuentra
en su camino.

El viento siguió corriendo
con la misma voz
por las asustadas calles
del pueblo que atardecía.

H. Ak´abal

viernes, 4 de septiembre de 2020

La mirada oblicua, de Berna Wang




Zhao Kailin



Te reconoceré cuando llegues.
Sólo alguien con las heridas cerradas,
sólo alguien
que ha aullado de dolor mientras las curaba
podrá mirar sin miedo
mis cicatrices
y caminar conmigo en paz.

Berna Wang


domingo, 30 de agosto de 2020

Lluvia, de J. Ortiz





Todo el día,
mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua
como en un sueño
mojado.


¡La voz del agua
dulcemente cierra el mundo!


Todo el día seré un niño
que se está durmiendo.


La vida será sólo
una voz querida.



J. Ortiz
1896-1978

viernes, 14 de agosto de 2020

Esa única razón, de Héctor Arizu



Cuando sientas que al final es el cansancio
el Supremo dueño de tu sitio
y te envuelva fugaz un negro manto
llevándose tus sueños y tu estío.
Porque el ver suplicar al inocente
tambalearon de impotencia tus principios,
porque el amor que diste te ha gastado
y aquél que recibiste te ha dolido,
no te apenes si al final así conjugan
tus sueños, tus temores, tus delirios.
Si has dejado un amigo que aún te extraña,
si en tu mesa quedó un libro consumido,
si al sentir la guía de tu mano
encendiste la sonrisa de tu hermano,
quédate en paz, no te asombres que ya has llegado.
Esa es la única razón  de tu existencia
y la brutal verdad de tu destino.

Héctor Arizu