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viernes, 25 de octubre de 2019
Inicial, de Gerardo Molina
A Rubén Darío
Prosas Profanas aureoló mi frente
Con rubíes tornátiles de oro
Y ungió su agua –manantial sonoro-
Mi espíritu de luz adolescente.
Y, no es extraño, entonces, el torrente
De mi verso brotó junto al canoro
Arroyo, en cuyo vegetal tesoro
Mi paso vaga aventuradamente.
Y, tampoco es extraño, la poesía
Debió dárseme así, un claro día
De manos del liróforo Rubén.
Y a la Eva eternal, única y sola,
Que me diera su libro, al fin, tornola
Azul princesa de mi canto. Amén.
Gerardo Molina
(Foto cedida por el autor)