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martes, 10 de febrero de 2015

Licencia para Átropos



A lo lejos, sólo se veía una casa entre la arboleda desnuda sin velas ni lámparas en la oscuridad de la noche.

El viento traía más nieve sobre aquellos techos de barro cocido en forma de canal y la soledad dejaba espacio a las palabras que se esfumaban frente a un silencio incorpóreo.

En el interior, había olor a leña y ropa vieja; demasiado azufre, salitre y carbón producía una mezcla de humo y ceniza. Las camas harapientas y sin cobertor parecían negros carruajes de cuatro ruedas... Las caritas ardían mientras las manos alcanzaban el alimento en los bártulos caldeados por el horno abovedado.

Ese llanto desgarrador, sin aire y sin voz, llamaba a una madre desaparecida...

Con el hielo de las sombras, la sangre teñía de rojo la nieve y se oían gritos lejanos.

En la cabaña cubierta de ramas y paja, el silencio era cada vez más agudo, contundente y fatal...

Luján Fraix-2005-

Sexta Mención de Honor en el Concurso Cuento Corto de la revista Las Letras-Buenos Aires-Argentina.



Parcas
(Moiras, en la mitología griega).
Entre los romanos, diosas que gobernaban el destino.
Eran tres hermanas:
Nona, Décima y Morta.
En la antigua Grecia sus nombres eran:
Cloto, hilandera del destino de los hombres,
Laquesis, tejedora de la fortuna
y Átropos, encargada de cortar con sus tijeras
el hilo de la vida.


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